Reflexiones...
POR EL DR. JORGE O. Sánchez
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Un día decisivo para el hogar

Pastor y Maestro Dr. Jorge O. Sánchez

El 16 de setiembre para México, el 4 de julio para Estados Unidos, el 15 de setiembre para Centroamérica. Cada país tiene en su historia fechas muy significativas. Días que se recuerdan, porque en ellos se hicieron decisiones cruciales que cambiaron el curso de la historia. Se tomaron decisiones que afectaron las vidas de los que las hicieron, y de todas las generaciones que les siguieron.

            El día que Josué convocó al pueblo de Israel para una asamblea nacional en Siquem, también fue un día de proporciones históricas. ¡Un día decisivo! Josué sirvió a Dios y a la nación con dedicación, grandeza e integridad durante sesenta años. Pero ahora el sol se estaba poniendo sobre el horizonte de su vida, por ende, había llegado el momento de pasar la antorcha a la próxima generación. Josué, no obstante, reconocía que a pesar de que la nación hebrea había visto milagros portentosos, y que Dios les había cuidado y bendecido mucho más de lo que ellos merecían, con todo, la nación seguía involucrada en la idolatría. Por esta razón, en su mensaje de despedida, Josué los confronta con la necesidad de hacer una decisión crucial. De elegir en forma definitiva un solo curso de acción y perseverar en él. Así confrontó al pueblo con las siguientes palabras: “Si mal les parece servir al Señor, escojan hoy a quién servirán; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitan; pero yo y mi casa serviremos al Señor.

            De este desafío de Josué a la nación judía hay tres hechos fundamentales que quisiera subrayar:

            1- Josué reconoce una verdad central de la existencia humana, y es que, todos servimos a un poder superior. Por elección o por abandono, cada ser humano que vive en este día es siervo de alguien o de algo; ya sea una causa, una ideología, una religión, o un hábito. Para bien o para mal, todos servimos a alguien en este momento de nuestra existencia. No hay excepciones posibles. La pregunta es: ¿A quién sirve usted? Conozco individuos que sirven al famoso matrimonio: Don Pepe Botella y doña Flor de Licor. Otros sirven a la Coca loca, y a doña Mari Huana. Otros son esclavos del placer sexual, de su carrera, de su trabajo, de su deporte favorito, de sus estudios. ¡La lista es interminable! Lo cierto es que cada uno de estos amos al final del camino indefectiblemente no darán la recompensa por nuestros servicios. Por lo tanto, es crucial que usted se pregunte: ¿A quién sirvo yo? Cada individuo tiene capacidad de elección. Josué les dijo: “Escojan hoy a quien servirán”. Usted y yo elegimos, y luego tenemos que vivir con las consecuencias de nuestra elección. Y quisiera recordarle que cualquier causa que elija que no sea la de Cristo Jesús, lo dejará abandonado en un desierto para morir.

            Así Josué anunció en forma valiente su elección: “Yo y mi casa serviremos al Señor”. Josué comprendía muy bien lo que muchos esposos del día de hoy ignoran, y es que el hombre es el líder del hogar para bien o para mal. Que sobre sus hombros recae la responsabilidad de hacer las elecciones que afectan a toda la familia en el presente y en el futuro.  Josué dijo, “yo y mi casa”, no mi casa y yo. Sabía que la generación de sus días, al igual que la presente, perece por falta de individuos decisivos, que estén dispuestos a pagar el precio de servir con integridad a la causa de Dios. Nadie puede servir a dos amos al mismo tiempo. No se puede amar a dos señores simultáneamente: si amamos a uno, aborrecemos al otro y viceversa. Si despreciamos a Dios, el finalmente nos despreciará a nosotros; y si buscamos servir al pecado, nunca contaremos con la bendición divina. Puedo preguntarle, entonces, ¿a quién está sirviendo usted?

            2- El segundo hecho que quiero subrayar de esta valiente declaración es que Josué, al decir “Yo y mi casa serviremos al Señor”, estaba estableciendo el fundamento para tener un hogar feliz. Todos somos conscientes que el matrimonio está en crisis en la actualidad. Las noticias nos lo recuerdan en forma permanente. Divorcios, violencia familiar, infidelidad conyugal, crímenes en los hogares. Una lista sin fin de miseria, vergüenza y dolor. Lo que debería ser la antesala del cielo, para la gran mayoría es la antesala al mismísimo infierno.

            Josué al decir: “Yo y mi casa serviremos al Señor”, estaba yendo a la raíz de todos los  problemas de los hogares contemporáneos. Estaba atacando a la enfermedad, no los síntomas. Todos quisieran tener un hogar feliz, pero sin la ayuda de Dios eso es imposible. Sin Cristo en la vida de cada uno de los esposos y de los hijos, la posibilidad de tener un hogar feliz simplemente no existe. Si usted no sirve a Dios y a su plan para la familia, en vano se esfuerza.

            Es patético, cada vez que una pareja me ha venido a ver al consultorio buscando consejo, siempre ocurre exactamente lo mismo. Empieza ella diciendo todas las razones por las cuales es infeliz, y luego viene el pedido: Dígale a mi marido... que mire menos TV, que me ayude en la casa, que no salga de parranda. Y luego viene él y comienza soltar su rollo de razones por las cuales él es infeliz. Y entonces el mismo pedido: Dígale a mi esposa que mire menos telenovelas, que me planche la ropa, que limpie mejor la casa, y dale y dale y dale. Siempre vamos a los síntomas, nunca queremos tratar con la raíz de todos nuestros males.

            No queremos admitir que el problema fundamental de cada ser humano se halla en el centro mismo de su ser; en su corazón. En ese corazón que la Biblia dice: “es maligno y perverso...”  Ese corazón del cual, dijo Jesús, “salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”. ¿Y usted espera cambiar el corazón de su conyugue? ¿Cómo? ¿Apelando a su razón cuando la tiene oscurecida? ¿Apelando a sus emociones cuando las tiene muertas para el bien? ¿Apelando a su sentir de responsabilidad cuando no puede dominarse a sí mismo? Sería más fácil intentar convencer a un tigre que se haga vegetariano antes que intentar que su conyugue cambie sin la ayuda de Dios. Por esta razón, Jesucristo nos enseñó que la necesidad suprema de los humanos es la de volver a nacer. La necesidad de tener un cambio de naturaleza, de recibir una inyección de poder. La necesidad apremiante de que Cristo con su poder entre a vivir en nuestro corazón, y desde adentro nos dé el querer y el poder para cambiar por su buena voluntad. Cuando Cristo cambia el corazón poniendo una nueva motivación y su amor en nuestro ser entonces podemos cambiar para bien y llegar a ser el conyugue que Dios quiere que seamos. De otra manera es poner remiendo en vestido viejo.

            Si usted está sufriendo en su relación matrimonial, en la crianza de los hijos, le invito a dejar de perseguir el viento. Si está leyendo buenos libros, ayuda; buscar consejo, ayuda en cierta medida. Pero hoy le invito a buscar la transformación completa de su ser y su persona. El cambio en su hogar tiene que comenzar con usted. Josué dijo: “Yo y mi casa serviremos al Señor”. Si usted espera que su conyugue cambie, para entonces cambiar usted, estará cometiendo un error fatal. Cambie usted primero, y luego ore a Dios para que cambie también a sus seres amados. Solo él puede hacer lo imposible mediante el milagro del Nuevo Nacimiento. ¿Está dispuesto a servir a Cristo?

            3- Josué lanzó en aquel día un tercer desafío: Escojan hoy a quien servirán. No mañana porque tal vez nunca llegue. Nadie tiene control del mañana, únicamente podemos controlar este momento. Por lo tanto, hoy es un día decisivo para usted. Tal como lo fue para los países que declararon su independencia. Hoy le invito a que éste sea el día cuando declare su dependencia total de Jesucristo. Invítelo a entrar en su corazón por un acto de fe, a ser el Señor de su vida, y Cristo por su poder infinito le transformará a usted y luego a cada uno de los integrantes de su hogar. Dios quiere bendecir su vida y ver su hogar feliz. ¿Que hará usted? ¿Cuál es su decisión? Josué eligió bien. ¿Cómo elige usted? Yo y mi casa serviremos al Señor. Elija a Dios y viva siempre bajo su bendición.