Reflexiones...
POR EL DR. JORGE O. Sánchez
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Cuando morir es ganancia

Pastor y Maestro Dr. Jorge O. Sánchez

Voy al baño, ya vuelvo...” Esas fueron las últimas palabras de Elvis Presley.

Estoy harto de la vida...” fueron las últimas de Winston Churchill.

La estoy perdiendo...”, Frank Sinatra.

No me dejen morir; no quiero morir...” Hugo Chávez, presidente de Venezuela.

Oh, uau. Oh, uau. Oh uau...” Steve Jobs, fundador de Apple.

Nadie conoce el final de la película. Si queremos saber que hay al otro lado de la muerte, alguien tendrá que ir, ver y regresar para contarnos. Los cristianos tienen algo de esperanza...” ultimas palabras de Alfred Hitchcok, célebre escritor y director de películas. La lista es muy larga.

Las últimas palabras que pronuncia un ser humano merecen ser escuchadas y analizadas con detenimiento. Muchas veces, revelan la pasión que movió a la persona mientras vivía. Otras veces, revelan la vaciedad de propósito. Otra veces, que no estaban preparados para ese momento decisivo. Patético, lo de Hugo Chávez... tan valiente cuando daba sus discursos, pero absolutamente impotente frente al peor enemigo que lo derrotó y se lo llevó. De una u otra manera, las palabras finales siempre revelan quien fue la persona. La regla es que, “como vivimos, así también morimos”. No se conocen transformaciones instantáneas de último momento.

Y uno debe exclamar... ¡que cosa horrible es la muerte! ¡Que enemigo poderoso! ¡Que oponente traicionero! Llega a buscarnos sin que la invitemos. De manera sorpresiva tantas veces. No discrimina entre niños, jóvenes, o ancianos. Atrapa al rey en su palacio; y al caníbal en su choza. Se lleva a los profesores de Harvard; y a quien no sabe leer o escribir. Lo cierto es, que nunca ha fallado. Siempre ha ganado todas sus batallas. Nadie la ha podido resistir. Nadie se puede escapar cuando llega la cita.

Si usted le tiene miedo al tema, no me sorprende. La Biblia, considera a la muerte el último enemigo de la raza humana y el más formidable. La muerte acaba con la existencia humana, y pulveriza todas nuestras aspiraciones. Eso es muy doloroso. Pero el peor de los horrores es no saber qué nos espera después de morir. Se ha preguntado alguna vez, ¿dónde estará usted un minuto después de haber muerto?

Con todo, ¿hay alguna esperanza frente a este enemigo? ¿Hay alguien que nos pueda ofrecer una guía segura? ¿Qué nos ofrezca una respuesta cierta en cuanto a cómo vivir, de modo que la muerte no sea un fantasma que nos aterra, sino algo que nos alienta?

Para mí, el vivir es Cristo; y el morir es ganancia”. Estas palabras asombrosas nos recuerdan que la muerte no tiene que ser una pérdida cósmica; una derrota aplastante. Nos afirma que la muerte puede ser transformada en ganancia.

¿Quién habrá sido el optimista que haya pronunciado semejante sentencia? Estas palabras notables se hallan en la Biblia. El Apóstol Pablo, como le llamamos, estaba preso en Roma, esperando comparecer frente al emperador romano de sus días. Este personaje siniestro no era ni más ni menos que Nerón; un Hitler del siglo I, que se ganó un lugar en la historia por el grado de demencia que tenía y le llevó a cometer atrocidades e infamias de todo tipo. La posibilidad de morir era bien cierta. Y sin embargo, en esta afirmación hay un grito de triunfo. ¿Cómo es posible?

La primera lección que me enseña esta afirmación de Pablo es que, de acuerdo a como vivimos, así será la muerte: ganancia o pérdida completa. Este hombre notable tuvo una gran pasión en su vida: Conocer a Dios, amarle, y servirle cada día de su vida con dedicación y excelencia. Desde que tuvo un encuentro personal con el Cristo viviente, todos sus días estuvieron dedicados a hacer conocer al género humano, las grandezas de nuestro Creador y Redentor. Como resultado, bien podía afirmar con certeza... “para mí el morir es ganancia”. Pablo estaba unido al único Dios verdadero de manera inseparable.

Permítame recordarle que esta afirmación del Apóstol tiene la precisión de una ecuación matemática. Una relación exacta de causa y efecto. Si usted puede hacer la misma afirmación que hizo Pablo, la muerte siempre será ganancia. Pero si usted afirma: para mí el vivir es el dinero... para mí el vivir es el sexo... para mí el vivir es el fútbol... para mí el vivir es mi trabajo... para mí el vivir es la nada... entonces morir, ¡nunca será ganancia! Preste atención a que dijeron los famosos que citamos al comienzo de este escrito. Todos eran personas notables a los ojos del mundo, exitosos y famosos. Con todo, murieron solos, derrotados y humillados. Pablo por el contrario, puede mirar a la muerte a los ojos y declararla derrotada. Su fe en Jesús hacía toda la diferencia.

¿Puedo preguntarle con todo respeto? Si tuviese que morir en el próximo minuto, ¿cuáles serían sus últimas palabras? ¿Cuál sería su afirmación final? ¿Sería una de derrota como la gran mayoría? ¿O una de certeza y triunfo, como la de San Pablo? Todo depende de a quien hemos servido en esta vida. Mi oración, es que si no está seguro, hoy mismo comience a buscar la verdad final y la salvación que se halla en Jesucristo.

La segunda lección que me deja la afirmación de San Pablo, es que él no era un optimista ingenuo que creía en cualquier especulación de los hombres. Su esperanza estaba basada en las promesas de Jesucristo, el único Dios verdadero. Fue Jesucristo quien afirmó: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás.” (Evangelio de Juan 11:25-26)

Tenía razón Alfred Hitchcok cuando dijo, “si queremos saber que nos espera al otro lado de la muerte, alguien debe ir y volver a contarnos que nos espera”. Eso ya se ha cumplido. Alguien vino del otro lado de la muerte para enseñarnos lo que nos espera. No solo que vino, sino que como hombre derrotó a la muerte y volvió a vivir para darnos perdón de pecados y vida eterna. ¡Es Cristo Jesús! Dios único y verdadero por siempre jamás. Es la fe en su persona, su obra y sus promesas que le hicieron exclamar a San Pablo: “¡Para mí el vivir es Cristo... y el morir es ganancia!” Y usted también puede llegar a tener una fe y certeza tan preciosa como la de San Pablo, de modo que su vida sea una de gozo indecible, y cuando llegue el momento final sea su triunfo absoluto sobre la muerte. “Para mí, el vivir es....” Elija a Cristo hoy, que sea su Salvador, Pastor y Amigo; y entonces, espere confiado el resto del camino.